Un lugar
único

Los pulmones del océano:
un tesoro entre el cielo y el mar
En el corazón del Mar Caribe occidental se encuentra el Archipiélago San Andrés, Providencia y Santa Catalina, un conjunto de islas, cayos y bajos coralinos de 232.300 hectáreas que contiene el 77% de los arrecifes coralinos de Colombia. Incluye una barrera arrecifal de 32 kilómetros de longitud que rodea a la isla de Providencia y es la segunda más larga en el Caribe.​

Los arrecifes coralinos se erigen como gigantes de vida que crecen sobre los hombros de sus ancestros. Estas estructuras, muchas de ellas formadas desde hace siglos, albergan 59 especies de coral, 35 especies de aves marinas y más de 653 especies de peces. También son una ruta migratoria importante de tortugas marinas, tiburones ballena y una abundante diversidad marina. Este ecosistema es, en esencia, una joya de biodiversidad, vital para el equilibrio natural y para las comunidades que dependen de él.

Pero los arrecifes no son solamente un entorno natural. Para el Pueblo Raizal que habita estas islas, el mar es el tejido que une generaciones, cultura y espíritu. Los corales, como sus antepasados, protegen y alimentan a la comunidad, siendo parte fundamental de su cosmogonía. Los arrecifes sostienen a las comunidades desde el punto de vista económico y también cultural y espiritual, vinculando la vida isleña con el mar en una relación de respeto mutuo. En las creencias Raizales, los arrecifes son los “corazones del mar”, guardando la memoria de quienes han vivido, navegado y pescado en estas aguas desde tiempo atrás.

Esta conexión fue destacada internacionalmente con la designación del archipiélago como Reserva de Biosfera Seaflower por la UNESCO en noviembre de 2020, un reconocimiento a la singularidad del archipiélago por su biodiversidad y cultura.

Los habitantes del archipiélago propusieron la declaración de la Reserva de Biosfera como una forma de proteger su territorio y su cultura y, de esa manera, lograr el desarrollo sostenible. Al ser una reserva de Biosfera, existe un compromiso por proteger la riqueza biológica y cultural, y promover el desarrollo sostenible de modo que se satisfagan las necesidades del presente y del futuro.

“El nombre del proyecto, ‘Nuestro arrecife’ refleja esta relación. No es simplemente ‘el arrecife’, sino ‘nuestro arrecife’, el arrecife del Pueblo Raizal, que tiene un profundo sentido de pertenencia con esos espacios. Para ellos, el mar no es solo agua: es su ‘maritorio’, una parte integral de su identidad y cultura”.

Ana Isabel Márquez, Integrante de la Fundación Sea Land & Culture Old Providence Initiative.